
La arquitectura racionalista tuvo una estrecha relación con los adelantos tecnológicos y la producción industrial, especialmente con personalidades como Walter Gropius desde la fundación de la Bauhaus en 1919.

También abogó por la utilización de elementos prefabricados y módulos desmontables mientras que su lenguaje formal se basaba en una geometría de líneas simples como el cubo, el cono, el cilindro y la esfera, y defendía el uso de planta y fachada libres y la proyección del edificio de dentro hacia fuera.
Una de sus principales premisas era el funcionalismo, una teoría que postulaba la subordinación del lenguaje arquitectónico a su función, sin considerar su aspecto estético o cualquier otra premisa secundaria.
